¿Enamorarme, otra vez? Los pocos que me conocen saben que en este blog he escrito cosas que no mostraría ni a mi madre. Bueno, ni tanto, aún así sabrán del dolor...

¿Enamorarme, otra vez?

Los pocos que me conocen saben que en este blog he escrito cosas que no mostraría ni a mi madre.

Bueno, ni tanto, aún así sabrán del dolor que me causó aquella chica que me destrozó el corazón y sigo sin poder recuperarme del todo.

Y sí, enamorarme causa estragos en mi interior, porque la visión que tengo del enamoramiento es distinta al de la mayoría de los que conozco.

Es una verdadera dicotomía. Dos lados, el lado bueno y el lado, pues... catastrófico.


Sí, se que estoy siendo demasiado personal y a pesar que la categoría o etiqueta muestra "personal" esto -también- es sólo una manera de averiguar si alguien lee esto o escribo, como ya dije en otra ocasión, al santo cohete, o sea, todo de balde.

Como decía, me enamoro y pues... todo es maravilloso hasta que ella dice "disculpame pero esto no va"

El rechazo. Ay! Es tan dolorosísimo. Crea lo que en algún rincón de este blog hablé algo llamado singularidad heurística disociativa.

Voy a trata de explicar, y me importa un rábano si alguien lee esto y luego se ríe. Y advierto: yo qué sé de psicología.


Para empezar, la heurística colapsa (léase el "acerca de" de este blog para saber qué es heurística para mí)

Se crean mundos, historias, es tan aterrador y a la vez increíblemente excitante. La mente se abre cuando uno se enamora.

Y se empieza a escribir como robot psicópata del lápiz, con una cantidad de variables en las que se mezcla la fantasía con la realidad.

Es impresionante.

Es maravilloso para cualquiera que se digne en llamar escritor.

Es como si todas las palabras, todas, quedaran plasmadas en la mente, pero se quedan ahí, orbitando como mariposas alrededor de la cabeza, esperando una red para ser atrapadas con una red que no sólo las atrapa sino que, las acomoda cada una en su lugar.

Pero a la vez es aterrador porque, si ocurre algo, un choque con la realidad, una ventisca a esas palabras, todas se vuelven en contra de uno.

Uno no es capaz de ordenarlas para bien, sino que, en una especie de realidad paralela, para evitar que el daño sea mayor, por ejemplo en el caso de un rechazo, emocionalmente se cae en picada y se crean realidades, mundos alternativos y paralelos, en las que la persona se crea incluso personajes que tratan de ayudarlo, pero lo hacen al revés, no lo ayudan, lo hunden cada vez más en un abismo insondable, luego viene un período de depresión crónica casi intratable.

En realidad, es demasiado difícil explicar con palabras los "síntomas" (por así llamarlo) de la que doy en llamar singularidad heurística disociativa.

Lo de disociativo se entiende en que uno deja de ser el mismo cuando le rompen el corazón. Como un sombi, va a la deriva de un mar de tinieblas y ahí viene lo aterrador... La depresión.

No soy yo cuando estoy deprimido, no quiero estar deprimido, tengo un pavor casi inverosímil a enamorarme pero he ahí la dicotomía y el fondo de la cuestión.

Enamorarme es lo que más anhelo con ansias llenas, quiero enamorarme, pero está ese terror que bien puede calificarse infundado, sigue latente ahí como una sombra.

Nota: Si bien es cierto que hablé de síntomas, estos más bien pueden ser variables en cada sujeto que experimente la singularidad heurística disociativa.

En mi caso, me rompen el corazón y me rompen el hígado y todo incluido...
Espero tu comentario, te digo a vos que llegaste hasta acá. :)