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28/03/15

Plantado

Pues esperó. Esperó todo el día. Sentado junto al teléfono. Jamás llamó. Era la segunda vez que lo hacía.

La primera vez fue en la biblioteca. “Vamos a estudiar”, le dijo. “Nos vemos después de clases en la biblioteca, sí o sí”. Ese día la última clase terminó abruptamente antes, mucho antes, por una desavenencia con una profesora provocada por un compañero.

La encontró junto a la rampa que conduce al piso de arriba donde está el ‘lugar de los libros’. Estaba conversando con sus amigos. “Voy a comer algo y vuelvo”, dijo él dirigiendo la mirada luego hacia la entrada que da a la calle.

No había almorzado ese día. Eran las 4:15 de la tarde. Diez minutos más tarde vuelve de comer, sube por la rampa, le hace una seña, y le dice “te espero arriba”.
“Nos vemos después de clases en la biblioteca, sí o sí”
Ya son casi las cinco. “¿Qué le habrá pasado, por qué se estará retrasando tanto?”

Cinco y veinte. Casi una hora esperando. Una persona conocida está realizando una entrevista casi con susurros para un trabajo práctico de la facultad.

Cinco veintisiete. Suspira profundamente al mirar el reloj y observa más allá a alguien hacer “shhh” cuando el otro que se sentaba al lado suyo levantó la voz.

Cinco cuarenta y nueve. Apenas puede identificar el sentimiento que emana del interior. Una agraz mezcla de tristeza y rabia, melancolía y decepción y otros sentimientos entremezclados. No sabe si salir corriendo o quebrarse. Se queda mirando la nada, el vacío varios minutos. Revisa el bolsillo trasero del pantalón. ¡Lo que faltaba! Estos billetes de plástico son una verdadera molestia, especialmente cuando se resbalan y caen del pantalón. Estaba sin pasaje para volver a casa, plantado, con ganas de llorar.

–¿Estás bien?

–Estaba esperado a alguien, parece que no vino, parece que no va a venir.

–¿Desde hace rato ya estás esperando? Porque hace bastante ya que estás acá.

Era esa misma persona que estaba haciendo aquella entrevista que duró más de lo que imaginó. Le cuenta por qué los billetes plásticos y los pantalones vaqueros no se llevan bien. Con cierta vergüenza le pide prestado un billete de dos. Le da uno de cinco y da a entender que no es necesario el vuelto ni que devuelva, algo así como un ‘te lo regalo’.

Seis treinta y cinco de la tarde. Dos horas de espera. Afuera está oscuro. Se dirige a esperar el colectivo. Agarra el asiento más alejado, donde hay menos luz. Mira por la ventanilla. A pesar de que intenta detenerlas, se deslizan por la mejilla algunas lágrimas.

Ha pasado mucho desde entonces. Volvieron a hablar. Supuestamente fue un malentendido. Estaba aparentemente embelesada por lo que le contaba un amigo suyo. Al final él sintió dolor mas no enojo, pero ella se enojó. Pensó que después de que le dijo que fue a merendar ya no volvió, que él fue quien le dejó plantada. Un sinsentido.

Y hoy literalmente estuvo ahí sentado en su cama esperando.

Las horas pasaban, los segundos se eternizaban. No la llamó porque confiaba en que esta vez sí iba a ser cierto, esta vez no le iba a dejar plantado, pues de eso justamente hablaron la última vez que se vieron.

“Te voy a llamar sí o sí” le dijo.

Pues esperó. Esperó todo el día. Sentado junto al teléfono. Jamás llamó.

Otra vez le dejó plantado.

Imagen: Peter M. Fisher/Corbis

28/08/14

Te espero (poema)

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.

Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:

sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.

Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,
añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.

Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
y la luna oculta ese sol tan radiante,
me siento solo, lo sé;
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy solo,
y que no estoy allí.

Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.

Mi aire se acaba como agua en el desierto,
mi vida se acorta pues no te llevo dentro.

Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?,
te preguntarás...
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,
porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo...?
—Mario Benedetti

10/09/11

Sobre libros, barcos y esperas...

Hace un par de días llamé a una librería de Asunción para averiguar el costo de un libro publicado hace casi poco más de dos meses y me dijeron: “No tenemos, pero ya hicimos el pedido, a fin de mes ya vamos a tener”

Y me empecé a preguntar, ¿cómo es eso de que “a fin de mes” van a tener? Veo precios en internet por todos lados, veo que se vende en otras librerías de países de la región y otras de Latinoamérica. En fin, no le di mucha vuelta al asunto hasta que recordé algo que podría clasificarse como una anécdota.