Aquellas últimas palabras... Una vez un primo mío me dijo: - Victor... vos "demasiado mal" te enamorás. ¿Pero yo qué culpa tengo de enamorarme tan "mal&...

Aquellas últimas palabras...

Una vez un primo mío me dijo:
- Victor... vos "demasiado mal" te enamorás.
¿Pero yo qué culpa tengo de enamorarme tan "mal"?

Y si... mucha gente se enamora y se enamora tan perdidamente que no ve lo que hay enfrente de uno.

Tristemente muchas chicas son lo que podrían llamarse "jugadoras", o "manipualdoras". Nos conquistan con su belleza, nos seducen con sus encantos y nos envían a la deriva o, peor aún, hacia el abismo.

Recuerdo que una vez leí en la Biblia la historia de una mujer que "sedujo" (en realidad el tipo se dejó seducir) al jefe del ejército enemigo y cuando el muy confiado se quedó dormido... ésta lo decapitó!.

Claro, en esa historia la chica era la buena aunque es posible dar la vuelta a la torta e invertir los papeles.

Recuerdo que cuando escribí este poema, recién ahí abrí los ojos. Recién ahí comprendí que lo que me hacía esta chica no era otra cosa más que jugar conmigo, jugar con mis sentimientos.

Pero eso no cambiaba lo que sentía, seguía amándola a pesar de que ella llamó a "lo nuestro" una "farsa". (!)

Aunque en aquel entonces yo seguía siendo un niño, un adolescente, aún así lo sentí hasta los tuétanos.

De esto aprendí que no hay que tener miedo a enamorarse "todo mal", sino que hay que tratar de que nuestro amor no sea un amor ciego, por lo menos dejemos un ojo abierto. Quizá sea tuerto ese amor, pero al menos no caeremos en el agujero del dolor una vez que la realidad nos dé un golpazo.


Aquí va la transcripción de aquel poema titulado "Últimas palabras"

Últimas palabras
Por última vez lloro por vos,
por última vez mis lágrimas en vano,
por última vez soporto lo que sos,
sufrir por vos fue todo en vano!

Llorar, morir, gritar, sufrir, luchar...
¿Para qué?... nadie amó tanto a alguien
hasta el punto de agonizar
y quen así esos amores no cambien.

Destrozado, mi corazón doliente
se deja vencer, inmerso en dolor,
así también mi alma y mi mente
se hunden en un mar de negro color.

Navego tristemente por las aguas de hastío;
con lágrimas de sangre creaste el río Estigio
y el Infierno con tu desdén e indiferencia...
y yo, atormentado, sufriendo con paciencia
a gran agonía de estar enamorado
de un ser despiadado, cruel y desalmado.

Y con estas últimas melancólicas palabras
mi ser completo se desbarata en el intento
de soplar por si acaso no se apaga
la poca vida que me queda
pues sin haberte tenido llegué a perderte
causando en mi alma el más cruel tormento.

Y yo seguiré amándote aunque estas sean
las últimas lágrimas que se derramen por la angustia
y éstas las últimas palabras que te escriba...

Nota al pie: Si querés saber más sobre la historia esa de la Biblia a la que hago mención, buscá: Judit capítulo 13 (entre los deuterocanónicos)
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