Nuestra hora

Es solo un instante lo que te pido;
una hora tan solo de tu larga vida;
un solo momento para estar contigo;
un momento nuestro, solo tuyo y mío.
Que nadie nos mire
y que nadie escuche lo que yo te digo.
Hagamos la cita para algun paraje
despoblado y solo,
donde no haya gente, donde no haya ruido,
donde no perturve nuestro gran momento
ni voz ni sonido.
Donde solo el eco de tu dulce acento,
musica divina, llegue a mis oidos.
Vámonos a un sitio donde estemos lejos,
donde estemos solos y muy escondidos.
En un mundo nuevo, hecho a nuestro antojo;
en un mundo nuestro, solo tuyo y mío.
Que nadie le cuente de nuestra escapada,
que nadie le diga que te vio conmigo;
que guarde el secreto de nuestra entrevista,
que guarde el secreto de lo que alli hicimos.
Yo quiero un momento, que tu me concedas
tan solo un instante a solas conmigo.
¡La vida es tan larga!... Tiene tantas horas...,
y es una tan solo lo que yo te pido.
No guardes temores de que se divulgue
que hayas antendio mis insistentes suplicas,
solamente el cielo, que es mundo testigo,
ha de vernos juntos.
¡Solamente el cielo te verá conmigo!
y yo, por mi parte, me has concedido,
y me ire muy lejos, lejos de tu vida
y de tu camino; y no habra sospechas
de ese gran momento que juntos vivimos...

TOC

Conmovedor poema que cuenta la historia de amor de un hombre con trastorno obsesivo compulsivo Video[Ver vídeo]


La primera vez que la vi, todo en mi cabeza se quedó en silencio.
Todos los tics, todas las imágenes que constantemente se actualizaban simplemente desaparecieron.
Cuando tenés trastorno obsesivo compulsivo, no tenés realmente momentos de tranquilidad.
Incluso en la cama estoy pensando:
¿cerré la puerta con cerrojo? sí,
¿me lavé las manos? sí
¿cerré la puerta con cerrojo? sí,
¿me lavé las manos? sí.

Pero cuando la vi, la única cosa en la que podía pensar era en la curva de horquilla sus labios
o en la pestaña en su mejilla,
la pestaña en su mejilla,
la pestaña en su mejilla.
Yo sabía que tenía que hablarle.
La invité a salir seis veces... en treinta segundos.
Ella dijo que sí después de la tercera, pero ninguna se sentía correcta por eso tuve que seguir adelante.
En nuestra primera cita pasé más tiempo organizando mi comida por color, que comiendo o hablando con ella... pero le encantó.

Le encantaba que yo tuviera que besarle dieciséis veces para decirle adiós o veinticuatro veces si era miércoles.
Le encantaba que me tardara una eternidad en llegar a casa, porque había un montón de grietas en nuestra acera.
Cuando nos mudamos a vivir juntos, ella dijo que se sentía segura, como si nadie pudiera robarnos jamás porque yo definitivamente cerraba la puerta 18 veces.
Siempre le miraba la boca cuando hablaba,
cuando hablaba,
cuando hablaba,
cuando hablaba,
cuando hablaba.
Cuando decía que me amaba, su boca se curvaba en los bordes.
Por la noche, ella estaba en la cama y miraba como apagaba y encendía todas las luces,
y encendía,
y apagaba,
encendía,
apagaba,
encendía,
apagaba,
encendía,
apagaba.
Cerraba los ojos he imaginaba que los días y las noches pasaban delante de ella.

Algunas mañanas, comenzaba a darle besos de despedida, pero ella sólo se iba porque la retrasaba para el trabajo.
Cuando me detuve en una grieta en la acera, ella sólo siguió caminando.
Cuando ella dijo que me amaba, su boca era una línea recta.
Ella me dijo que estaba tomando demasiado de su tiempo.
La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.
Me dijo que no debió dejarme sentir tan apegado a ella, que todo esto fue un error, pero ¿cómo puede ser un error cuando no tengo que lavarme las manos después de tocarla?
¡El amor no es un error!
¡Está matándome que ella puede huir de esto y yo no!
¡No puedo, no puedo salir y encontrar a alguien nuevo, porque yo siempre pienso en ella!
Por lo general, cuando me obsesiono con las cosas, veo gérmenes escondiéndose dentro de mi piel.
Me veo a mí mismo aplastado por una sucesión interminable de coches y ella fue la primera cosa hermosa a la que me he aferrado.
Quiero despertar cada mañana pensando en la manera en que ella sostiene su volante,
cómo mueve las perillas de la ducha como si estuviera abriendo una caja fuerte,
cómo sopla las velas,
sopla las velas
sopla las velas,
sopla las velas,
sopla las velas,
sopla...

Ahora sólo pienso en quién más la besa.
No puedo respirar porque él sólo la besa una vez;
¡no le importa si es perfecto!
La quiero de vuelta tanto que...
dejo la puerta sin cerrojo;
dejo las luces encendidas...

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