Y me cansé de vivir... Y me cansé de vivir. Me cansé de sentir. Me cansé de fingir, de decir que estoy bien siendo que muero por dentro. Me cansé de la soledad que...

Y me cansé de vivir...

Y me cansé de vivir. Me cansé de sentir. Me cansé de fingir, de decir que estoy bien siendo que muero por dentro. Me cansé de la soledad que constriñe el alma hasta asfixiarla. Me cansé de la angustia y del dolor que no puedo expresar con palabras. Me cansé de las lágrimas que profusamente brotan sin cesar en cuanto no hay nadie cerca. Me cansé del sufrimiento inmerecido, de los hirientes silencios y la atroz indiferencia. Me cansé de la insoportable incógnita de la razón de tanto desprecio. Me cansé de la agonía. Me cansé del vacío.
¡Oh vacío, soledad, lúgubre soledad, hastío insondable, raspaduras de vidrios rotos lastiman el alma para siempre!
El sinsentido sofoca las pocas ganas que aún quedaban. Mientras tanto espero... Pero ¿qué espero? Espero sin más la muerte... espero el mortecino fin que nunca llega. Y en eso me ahogo entre la sempiterna melancolía que acongoja y la aflicción encarnecida por el torrente incólume de lágrimas y la inmarcesible soledad...

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