Rechazo... Y muero. Y me ahogo. Y duele… Lágrimas. Odio las lágrimas. Odio la soledad… Confusión… Yo me quería enamorar… Me quería enamorar pero es ...

Rechazo...

Y muero. Y me ahogo. Y duele…

Lágrimas. Odio las lágrimas. Odio la soledad…

Confusión…

Yo me quería enamorar… Me quería enamorar pero es lo mismo siempre cuando me ilusiono. Termino desgarrado como un trapo roto ensangrentado. Mi alma sangra.

Recuerdos… esas espinas metálicas oxidadas clavándome la mente.

Medias frutillas decía aquella que se llevó mi alma luego de aquel primer beso y primera vez.

¿Medias frutillas? ¿Medias naranjas? ¿Almas gemelas?

Almas gemelas…

Agonía. Agonía en la monotonía. Melancolía… Soledad…

Siempre enamorándome de quien de mí no se enamora. ¿Pero quién se puede enamorar de alguien así? De alguien que fue consumido por el dolor en una infancia que no se puede llamar así.

Dolor…

Me quise enamorar…

«–Sí, yo también te quiero, pero sólo como amigo»

Ni siquiera sé que significa esa palabra: “amistad”

No… Si nunca tuve “amigos”… cómo sería tener una “amiga”. Es decir…

Recuerdos…

Finalizando la primaria. La chica más linda del curso. La sala de clases, en el recreo. Ella con sus dos amigas. Nadie más presente.

«–“A vos ninguna chica te besó? cómo así?
–No, es que “no he tenido oportunidad”…
–A ver, cerrá los ojos.»

¿Mi primer beso? No. Sólo puedo decir que al abrir los ojos tuve que cubrirme el rostro con mi históricamente omnipresente pañuelo y buscar el bebedero para limpiarme el “rayón” de lápiz labial que me lo estrelló en la boca y mentón dejándome cual payaso frente a las demoníacas risas de ella y sus compinches.

¿Quién me ha “correspondido” alguna vez?… Nadie.

¿Emilia?

«–Yo sólo me acerqué a vos porque sentía curiosidad»

Curiosidad…

¿Mucho antes? Luego de siglos de ¿indirectas de posibilidad? aquella chica que me gustaba en mi niñez y adolescencia curtidas por la soledad, prácticamente mi única “amiga”:

«–Ya no podemos seguir con esta farsa [sic], yo nunca te quise, no te quiero y nunca te voy a amar»

Dolor… Eso. Y más.

Suum cuique tribuere tempus operae locus que… ¿Darle a cada cosa su tiempo y lugar?

Pero ya pasó el tiempo. Ahora he muerto otra vez…

No soy yo cuando me enamoro… o mejor dicho, no soy yo cuando me rechazan. Termino tirado en la cama y, ¡maditas lágrimas!

Y me alejé… para no sentir dolor. De sólo recordar aquello que pasó en donde me tuvieron que internar en ese pseudo-hospital, dopado, sin poder sentir.

Es una paradoja… Mil veces he repetido que se trata de eso: sentir. ¿Pero si eso que se siente es dolor?

Casi nadie recuerda cual fue el dolor más grande que uno haya sentido. Algunos dirán “cuando me operaron de apendicitis casi sin anestesia”

Sí, eso duele. Pero nada se compara a cuando te rompen el corazón. Porque no es algo físico, es más que físico. No se sabe si lo que se siente está en el pecho, en el cuello, en la cabeza, en todo el cuerpo o donde, pero es tan intenso que es peor a que si te arrancaran la carne hasta los huesos, te desgarraran las entrañas y a lo que queda lo derritan en ácido; todo al mismo tiempo, tiempo que se vuelve interminable, infinito, no pasa y se hace que uno quiera morir, porque se siente que esa es la única salida.

Pero lo que se desgarra y se destruye es el alma. Y es morir una y otra vez, en una agonía sempiterna… Morir por dentro deseando también morir por fuera.

Hay demasiadas cosas que yo no entiendo.

Mi alma está destruida. Estoy tan mal que hasta pensé en reconsiderar el continuar con este blog. Y mis otros blogs. Tal vez ya sólo publique lo que tengo en borrador. O tal vez todo termine aquí.

Y sí… me desconecté de internet, del celular, de todo…

Una vez alguien dijo que “dormir” era su “mecanismo de defensa”… El mío resultó ser alejarme. Porque dicen que el tiempo calma las cosas, cura las heridas y… creo que fue el tiempo y no las pastillas lo que me ayudó a calmar un poco el dolor luego de que aquella a quien le entregué mi alma y mi corazón dijera sobre lo que pasó esa noche que para ella fue
–«…sólo una noche de calentura, como le puede pasar a cualquiera»

Pero me duele… y no entiendo… no entiendo nada…
Y lo más aterrador es que este “rechazo” –si así se puede llamar- fue incluso antes de empezar…

[Escrito a mediados de Febrero]