Él no está bien Él no está bien... Y le duele. Mucho. Mar de lágrimas. Agonía sin fin. Soledad eternizada desde antes del tiempo. Desesperadamente busca...

Él no está bien

Él no está bien...

Y le duele. Mucho. Mar de lágrimas. Agonía sin fin.

Soledad eternizada desde antes del tiempo.

Desesperadamente busca la muerte.

Angustia. Hastío. Profundísima tristeza. Lamento.

Él llora y con la almohada cubre su rostro. Ya no respira.

¿Está muerto?

No. Por más que intente asfixiarse a sí mismo, le gana una bocanada de aire que se escabulle entre las telas húmedas de sollozos melancólicos y casi silenciosos.

Oscuridad. La de la noche.

Noche que, al igual que él, yace impávida y taciturna abrazada al manto de negrura sin nombre.

Se ahoga, grita... en silencio. Nadie le escucha.

Desea morir... suicidarse...

Pero mientras más busca la muerte ésta se aleja de él, lo esquiva y hasta se burla...

Dolor exponencial... que aumenta y aumenta...

Uno en el pecho, en el corazón, en el alma...

¿Qué pasará con su alma si logra su cometido? ¿Dónde terminará si se quita la vida?

No tiene novia. No tiene amigos. Nunca ha tenido un solo amigo... Y lamenta su soledad.

Soledad que desgarra su interior, carcome lentamente hasta las entrañas.

El horizonte plomizo, gris se convierte en presa de su mirada... Hay veces, como ésta que él desearía escuchar sólo el viento, como ahora. Y no esas horribles canciones vacías escuchan sus vecinos.

Y sí, esta vez el silencio acompaña, ameniza su dolor...

Y él no está bien...