Jugando con el destino Jugar con el hato, con el destino, es algo peligroso. Lo sé por experiencia propia. Si hay algo que he aprendido es, que la historia se rep...

Jugando con el destino

Jugar con el hato, con el destino, es algo peligroso. Lo sé por experiencia propia.


Si hay algo que he aprendido es, que la historia se repite. Siempre se repite pero mostrando una faceta diferente cada vez.

Imaginarse esta situación:

Un buen muchacho conoce a una chica, luego, le pide su número y comienzan a mandarse mensajes de texto.

A continuación este chico, quien se enamoró a primera vista de esta chica, intenta jugar con el hato, crea situaciones en las que -según él- le serían favorables.

Una de estas situaciones es, por ejemplo, equivocarse de remitente y enviarle un mensaje al estilo "amigo mío, estoy enamorado, no puedo dejar de pensar en ella".

Equivocarse y en vez de enviar al "amigo" enviar ese mensaje a "ella".

A partir de ahí se crean situaciones en las faldas del hato, situaciones que pueden ser benignas, como en el caso de que ella sepa que él está enamorado y alegrarse por la noticia, o, en el mejor de los casos, encender la llama de ilusión en ella al saber que alguien está enamorado de ella, pues, quien no quiere al menos tentar, probar y "ver qué pasa" si alguien afirma estar enamorado de uno. Quién sabe y ella se enamore también.

Aunque podría ser todo lo contrario, que el destino sea contradictorio a lo que se tenía planeado. Que ese mensaje haga que ella no quiera hablarle más a él, pues ella sólo quiere ser su "amigo" y nada más...

Qué paradoja ¿verdad?

Puede salir uno u otro caso, y estos son sólo ejemplos, porque hay miles de variables que podrían verificarse...

Conclusión: Mejor no jugar con el destino, si es que éste existe, no hay forma de saber qué es lo que vendrá a continuación y, por tanto, como ya dije, mejor no arriesgarse...


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