Anécdota sobre un verde billete Billete de 1 (un) guaraní. Este billete dejó de utilizarse entre la década de los años setenta y ochenta, es la más baja denominación que ...

Anécdota sobre un verde billete

Billete de 1 (un) guaraní.

Este billete dejó de utilizarse entre la década de los años setenta y ochenta, es la más baja denominación que se tiene acá en Paraguay.


Quiero contar una anécdota de acerca de un billete, no de un guaraní, sino de quinientos, que era la más baja denominación a mediados de los noventa.

Era todavía un niño y estaba en tercer grado cuando por equivocación un vendedor me dio un billete verde de cien guaraníes por otro de quinientos (también verde como el de la fotografía).

"Bueno, es un billete de cien... me engañó!", dije yo para mis adentros, pero ya era tarde, el vendedor de chucherías y dulces que a todo niño le gustan se había esfumado.

Quería comprar un dulce, algún chicle o chupetín que en aquel entonces valía cien guaraníes y le pasé a la que amablemente (o trabajosamente) atendía la cantina de la escuela.

Me pasó el chupetín junto con varias monedas de cien, cuatro en total.

Lo que ahora quisiera recordar es... ¿cuál fue mi reacción?

Por más que trate de acordarme, no recuerdo muy bien si le devolví los cuatrocientos guaraníes a la cantinera o me los quedé. Creo que le devolví. Quiero creer que así fue.

Lo que sí recuerdo con claridad es que le conté a un compañerito y éste rápidamente empezó a hacer ademanes de querer comprar más chicles o caramelos con esa plata.

También recuerdo que mi conciencia me daba martillazos en la cabeza por eso. Y recuerdo una imagen de mí mismo dejando esos cuatrocientos guaraníes sobre la mesa de la cantinera y salir como si me llevara el viento.

Cierto, ese vendedor me embaucó, ¿pero quién era yo para hacer lo mismo?

Estaba aprendiendo a vivir, y sigo yo viviendo ese aprendizaje.

Para finalizar, me quedo con esta frase de Tobías, mi libro favorito de entre los de la Biblia, que dice en el capítulo 4, versículo 15:

"No hagas a nadie lo que no quieras para ti"

Lo que aprendí en aquella ocasión, a mis nueve años fue justamente eso, que si no quiero que alguien me haga mal, yo tampoco debo hacerle el mal a nadie...